martes, febrero 28, 2012

Plano de crujía

Hacen fila los barcos, los miro tras la ventana de este octavo piso. 
Con su mole de herrumbre manchada por el sol de puro blanco, muy educadamente esperan algo, uno tras otro, sin moverse, sin tocar tierra. Se saludan después de cientodoce dias de naufragio, de abstinencia y ayunos, de carne seca  y  pájaros.


Me tomo otro café para tener una excusa y seguir mirándolos. Imagino que se cuentan un poco las noticias de otros días, las ultimas tormentas, cuarentenas, aduanas, refugiados, el siguiente dragado. 
Yo junto ánimo para caminar de Estoril a La Caixa, mientras mis pies persisten sin decidirse entre raíces y alas. 
Los barcos impasibles, ahora le dan la espalda al Río de la Plata, a Veracruz, a La Habana. Los conozco de lejos, del muelle de un abuelo que tuve poco tiempo, de historias de gavieros y de steamers, de lágrimas de mar y de otras borracheras. Me cuentas que hacen fila a veces durante días, los barcos, esperando su turno para entrar a puerto. Yo agradezco muchísimo que tengas siempre animo y bajel para explicarme incluso estas obviedades.



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